Cuando Orfeo acaricío las cuerdas de la lira,
los robles bailaron por gracia de sus sones, en los bosques de tracia.
Cuando Orfeo se embarcó con los agronautas,
las rocas escucharon la música,
lengua donde todas las lenguas se encontraban, y la nave se salvó del naufragio.
Cuando el sol nacia,
la lira de Orfeo lo saludaba, desde la cumbre del monte Pangaeum,
y charlaban los dos de igual a igual, de luz a luz,
porque tambien la música encendía el aire
Zeus envió un rayo, que partió en dos
al autor de estas arrogancias.
Eduardo Galeano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario